Si algo nos enseña la historia es que en la mayoría de las veces el poder cae por errores propios y no ajenos. Un esquema donde la verticalidad en la conducción es su alma mater y el discurso hacia fuera es defender los intereses de la provincia bajo el lema del “misionerismo”, tendría que ir acompañado por la lealtad hacia quienes trabajan día a día para mantenerlo en marcha.
La mediocridad promedio de los dirigentes de la Renovación hace que se vea en superficie o sobresalgan aquellos que tienen formación y que saben porque están en lugar donde están.
A simple vista se pueden diferenciar tres clases de modelos de funcionarios: los que ven el poder como una herramienta, los que ven la política para hacer plata y los que saben que no merecen estar en el lugar que ocupan y solo quieren mejorar su nivel de vida.
Si se pasa la línea de no defender a los propios, de nivelar para abajo, de traicionar o permitir que otros actúen en desmedro de quienes realmente defienden las banderas de este proyecto, será el inicio de algo más fuerte y peligroso, la falta de respeto, y cuando se pierde el respeto, ya sabemos los misioneros lo que sucede.
Sería lamentable que después de tanto sacrificio se tire todo por la borda. A veces la virtud de la inteligencia está sobrevalorada.
Por Zorba El Griego – En breve regreso con mi columna “Detrás de bambalinas se habla de…”. Los extrañé!

